[vc_row][vc_column width=”1/1″][vc_column_text]Señor Director,

 

Hoy me levanté en completa oscuridad. La luna brillante se podía apreciar mientras desayunaba. Al salir de mi casa rumbo el colegio, el cielo oscuro predominaba en el paisaje. Tenía una sensación de extrañeza e inseguridad, no sentía que en realidad fuesen las ocho de la mañana. El invierno había comenzado en nuestro país, y los magallánicos a vivir el día a día en oscuridad.
Hace poco surgió un fuerte movimiento en las redes sociales, refiriéndose al descontento del cambio de hora que se iba a implementar a lo largo de todo el país, con el cambio de estación. En Magallanes nos oponemos rotundamente al cambio de hora por todas las implicancias que conlleva esto como: la brusca alteración que sufre el cuerpo al tener que adaptarse a la falta de luz, la somnolencia de los estudiantes y/o trabajadores en las mañanas, los peligros que implica para los estudiantes caminar hacia sus colegios en las mañanas y tardes con tal oscuridad. Llegan los días en que a las cuatro de la tarde ya no hay rayos de sol. El frío, la lluvia y el viento lo podemos soportar. Pero que nos quiten la luz en las mañanas y tardes, ¿No es demasiado?
El gobierno no considera las condiciones en las que vivimos, debido a nuestro aislamiento de las demás regiones del país. Estamos obligados a ingeniárnosla para poder realizar todo lo que tenemos que hacer durante el día, antes de que la oscuridad caiga. El cambio de hora favorece claramente a la capital, pues las decisiones son tomadas pensando solo en las regiones cercanas a esta. Así, se evidencia nuevamente el centralismo que afecta a nuestro país.
Ante este problema me pregunto: ¿Producirá esto un cambio importante este año con respecto a la vida y trabajo de los magallánicos? Creo que la respuesta es obvia para todos nosotros, debemos recordar que Santiago no es Chile.

Isadora Gonzáles

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